lunes, 29 de abril de 2013

"Siento que la poesía siempre es voz y al ser voz es, al mismo tiempo, eco" - Entrevista a Camila Ríos Armas


¿Qué cambió en ti como poeta entre Muralla intermedia y Ecos?
La concepción del libro como un cuerpo orgánico, con una estructura. Muralla intermedia, mi primer libro, lo veo como un poemario – en el sentido de recopilación de poemas. Por supuesto unidos por temáticas, pero que en su nacimiento no fueron concebidos bajo una estructura. Ecos es un libro diseñado. Esto es para mí la diferencia esencial. Claro, están otras, como la temática y el registro de voces.
¿Qué imágenes se desencadenan en tu imaginación cuando escuchas la palabra "eco"?
Cuevas, árboles y una serpentina blanca que se mueve de un lado a otro y no podemos tomar.
¿Recuerdas la primera vez que, de niña, descubriste este fenómeno acústico? ¿Lo que sentiste en ese momento, o en tal caso, lo que crees que pudiste haber sentido?
Mi recuerdo más viejo relacionado al eco es la lectura del cuento infantil El Rey Mocho. En ese cuento, al rey le falta una oreja pero nadie lo sabe y él decide contar su secreto en unos huecos hechos en la tierra de un bosque. En ese mismo bosque crecen cañas de azúcar y cuando la gente empieza a tocar las cañas de azúcar, lo que sale en forma de eco es su secreto.
Hay poemarios que requieren de una lectura en orden, ya que hay un hilo conductor, ¿dirías que esto pasa con Ecos? ¿hay una historia escrita?
Yo soy fiel creyente (y practicante) de la lectura desordenada de poesía. Ir leyendo en el orden que uno quiere. Sin embargo, sí creo que Ecos es un libro para ser leído de acuerdo a la estructura que fue escrito. Al menos leer cada parte (que yo llamé “eco”) en su totalidad. Pero siempre el lector puede leer como le provoque y darle su propio sentido. Ya eso se escapa de las manos de quien escribe. 
Siempre esperamos que el lector entienda lo que queremos decir, aunque generalmente interpreten por sí mismos algo de lo que no nos habíamos percatado. ¿Qué esperas que descubran en Ecos?
Que se descubran a ellos mismos en alguno de esos Ecos.
¿Sientes que el Eco es una imagen que te ve con curiosidad?, ¿que intenta acompañarte como un gato callado en tus escritos?
Siento que la poesía siempre es voz y al ser voz es, al mismo tiempo, eco, proyección, reverberación. Así que de alguna manera siempre hay eco alrededor, siempre hay algo que te recuerda a otra cosa, y esos entrelazados mentales, son, para mí, también ecos.
¿Crees que hay algo de la situación actual venezolana en tu poesía?
Quizás no explícitamente pero sí creo que lo hay. Creo que es imposible abstraerse de dónde se vive. Si tengo que escoger algo de la situación actual que creo hay en mi poesía, sería dolor. Dolor como motor de la escritura. También impotencia.
También hay silencio: a veces lo que sucede me abruma tanto (por no decir consume) que me anula el impulso de escribir. Pero esos momentos de silencio también los aprecio, porque se condensan muchas cosas en algún lugar de nuestra cabeza para luego salir como marea.
¿Dirías que todos los poemas tienen su propio eco? ¿eco porque tienen vida?
Todo poema tiene su propio eco porque cuando es leído – e interpretado por el lector – se convierte en otro poema: en el eco del poema inicial. Y así ad infinitum.
¿Has pensado en el Eco como lo que resuena en cada uno de los lectores después de escuchar o de leer poesía?
Mejor no puede haber sido dicho.
¿Cómo se produce el Eco en Camila?
A través de lo visual. Los sueños que recuerdo, una fotografía que me impacte, una película, incluso una escena en la calle. Un sentimiento de dolor, tristeza, molestia, angustia, decepción, felicidad. El eco se produce con todo aquello que reverbere en mí y que genere la necesidad de escribir. De ponerlo en papel. El eco también puede ser visto como aquello que uno conoce, - y escucha o siente – pero que no es posible asir. La poesía para mí es eco porque siempre, por más que lo intentemos, será inasible. 

martes, 19 de marzo de 2013

"Mi problema, mi poema, soy yo: ¿qué hago conmigo? Y eso ya es suficiente o demasiado" - Entrevista a Francisco Catalano


¿Por qué la poesía y no otros géneros literarios?

Esta siempre es una pregunta engañosa de contestar. Creo que la respuesta más satisfactoria a esto es la misma obra del autor, por muy poco práctica que sea esta respuesta.

¿Cómo llegaste a decidirte por un título que fuera sólo una raya?, ¿cómo lo pronuncias?, ¿de qué está dando cuenta ese título? Porque la raya puede ser una letra, un símbolo, un palo, una tachadura, un cuerpo visto de lejos, una columna, etc.

Al final del libro escribo: I” no es ni número ni letra, tampoco una imagen, mucho menos una palabra. Aunque significante, es apenas un atisbo, un balbuceo, un casi algo, si acaso. Siempre me fascinaron aquellos poetas de “un solo libro”: Whitman, Baudelaire, Mallarmé, Roberto Juarroz, etc. He tomado para mí esa noción arquitectónica. l es el título a todo lo que hago en poesía: l es mi libro entero. Es cierto que en l hay un  homenaje implícito al título de Juarroz, sin embargo Poesía Vertical siempre me pareció un título incompleto: mi título debía ser silencio, debía sonar como silencio: casi no debía ser nada; porque el nombre del silencio no es “silencio” sino un hueco sonoro: algo innombrable. Algo más explícito, sería obligatoriamente una traición semántica. ¿Cómo llamarlo?: la edición publicada en Diciembre de 2010, contiene el Libro 0 y Libro 1; la intención es ir publicando Libro 2, Libro 3, etc. Para referirse a algún poema en particular, lo más práctico sería nombrar en qué libro se encuentra el poema, ej: “En el Libro 1 hay un poema que….”; “En el Libro 0 hay unos textos que….”, etc. Claro, en esta primera edición, por ser la edición de entrada, el título es l, pero de aquí en adelante los títulos serán el de los Libros, de manera que esto se hará más claro con el tiempo.

Dentro de tu libro hay diversas modalidades para el poema. Juegas con la tipografía, con la ubicación de las palabras en la página. Es una obra repleta de desplazamientos, ¿qué busca tu poesía con esto?

Adalber Salas, en el postprólogo que hace a la primera edición del libro, dice que en esta escritura hay una “potencia y una impotencia inconmensurables”. Esa apreciación suya es muy acertada. Creo que estos desplazamientos, como los llamas, son frutos de ésa tensión. En el Libro 1 hay como una especie de fragmentación y recomposición de la voz en el texto, que yo quise diferenciar de la forma menos espectacular posible con tipografía normal, cursiva y negrita, las tres marías de Word. Creo que la conjunción de esos tres registros era la forma más completa que concebí en el momento para configurar una voz con el grosor de la experiencia total dentro del Libro 1, que es como el destello, el boom, de la poesía enfrente y dentro de mis ojos post-adolescentes, ya que esos textos fueron hechos entre el 2004 y 2005, cuando yo tenía 18 y 19 años.

Hay altos niveles de abstracción en tu libro, ¿cómo relacionas la filosofía con la obra poética?

El pensamiento para mí es algo fundamental, dentro de la poesía y dentro de todo. Pero el pensamiento asumido como un movimiento de re-unificación del hombre con el mundo que lo rodea. Mis poemas no buscan la abstracción teorética de una certeza en el conocimiento, como podría ser la finalidad de cierta filosofía. La abstracción que he querido cosechar en mi primer libro ha querido ser la abstracción de la pintura abstracta, el minimalismo o el arte óptico, de Soto, Cruz-Diez, Gego, Pollock, Mondrian o Rothko. Quizá de allí también provenga ese ejercicio de los dibujos que publiqué en el Libro 1.

En tu libro hay una breve prosa que uno podría tomar por un manifiesto, ¿cuál es la efectividad de los manifiestos literarios hoy día?

Creo que la utilidad de ése texto es ser una partida de nacimiento, una cédula, un examen de sangre de lo que escribo. Siempre que me refiero a él, digo que es un texto “tipo manifiesto” porque no pretende dos cosas claves que todo manifiesto suele pretender: oponerse a una estética proponiendo una nueva y establecer un programa a ser cumplido. No me interesa quemar a nadie con lo que hago, ni pretender que es “la nueva forma” de la poesía. Mi problema, mi poema, soy yo: ¿qué hago conmigo? Y eso ya es suficiente o demasiado. Por esta misma razón, no pretendo auto establecerme un programa a cumplir. Yo no prometo nada, ni a mí ni a los demás. Prefiero quedarme con la sorpresa de la práctica e ir encontrándome las formas en el camino.

Tú te encargaste de la edición de tu libro, ¿cuáles son las ventajas y las desventajas que encuentras en la ediciones de autor?

Me parece que la mayor ventaja que uno tiene al editar su propio libro es la libertad creativa de confeccionar tu propia edición y poder ver cómo funciona el mercado editorial desde adentro. No estar amparado por una editorial, te guste o no, te hace sospechoso. Pero es como un vaso a la mitad: medio lleno para los que vemos una oportunidad en la autoedición de extender la personalización de nuestro proyecto, y medio vacío para quien quiera simplemente dedicarse a escribir y más nada. Como todo lo demás en literatura, es una decisión que debe venir del autor como una disposición personal.

La trayectoria de tu libro ha estado acompañada de unos eventos que llamas REVITALES, ¿cómo se vinculan estos performances a tu obra poética?

He llamado REVITAL a mi planteamiento personal sobre un recital de poesía. Siempre me ha encantado recitar. Sin embargo, muchas veces he sentido que algo falta en las presentaciones de poesía, siento que hay algo en el proceso de recitar poesía de una forma tradicional que no se corresponde con la experiencia de los textos y que muchas veces va en detrimento de los poetas y los poemas. He sentido que debe haber una mejor transmisión del mensaje poético en los recitales. Esa transmisión de la fiebre de la poesía, ese contagio especial dentro del aparato comunicacional que es el recital, para mí es el contagio de la vida que se entrecruza entre el poema, el que lo dice y quien lo escucha. El recital de poesía es una encrucijada donde se pone de manifiesto la vitalidad encerrada en la escritura, para ser revivida sobre la página en blanco de la puesta en escena de la vida. Un recital de poesía es una oportunidad de hacer acto la palabra del libro, y mediante ese acto vital, revitalizar a quien escucha el recital, a quien dice su palabra y, claro, revitalizar a la lectura misma. De allí su nombre, por eso mis recitales personales no son recitales, sino REVITALES. 

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

El proyecto principal es la escritura de mi tesis de grado de Letras, que será un libro ensayístico sobre la poética de Roberto Juarroz. Igualmente corrijo mi próximo libro de poemas y preparo el REVITAL 2013. Todo lo anunciaré por mi twitter: @catalanofran.

Francisco Catalano (Caracas, 1986). Lic. en Comunicación Social y tesista de la licenciatura en Letras, donde investiga la Poesía Vertical de Roberto Juarroz; ambas en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (UCAB). Ha publicado en Caracas de manera independiente el Libro 0 y Libro 1; la primera entrega de su obra poética que consta de un solo volumen de poesía, titulado: l (Caracas; 2010). Sus poemas se encuentran en las antologías: 4M3R1C4 2.0: Novísima Poesía Latinoamericana, que saldrá este año (Universidad de Nuevo León y Bonobos, Monterrey; 2013); Voces Nuevas 2005-2006 (CELARG; 2007); y La Imagen, el Verbo (UCAB; 2006). Además ha sido reseñado en distintos periódicos y revistas, digitales e impresos, como El Universal, Tal Cual, Las Malas Juntas y Círculo de Poesía. Ha participado y organizado distintos recitales en Caracas desde el año 2005 y fue parte de los talleres literarios del poeta Armando Rojas Guardia, el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) y la UCAB de Caracas. 

martes, 26 de febrero de 2013

La cocina del escritor - Entrevista a Héctor Torres


Ya llevas una larga trayectoria como narrador, ¿cómo has vivido los saltos entre un libro y otro?, ¿sientes que hay cambios radicales en cuanto a tu estilo o más bien sientes que has mantenido un mismo registro?

Quizá no necesariamente radicales, pero sí se pueden ver los cambios. Son búsquedas en un camino que va ofreciendo hallazgos que uno va asimilando, y eso se nota en el trabajo. Quizá los más radicales vinieron de "El amor en tres platos" a la novela "La huella del bisonte", dada la distancia que había entre el momento en que se produjeron los primeros y la segunda. Pero, así como en la vida misma, aunque cada nuevo libro refleje indagaciones particulares relacionadas con la época en que se estuvo desarrollando, también es cierto que hay algo propio de uno, que existe desde que se tiene conciencia de sí; lo cual también se ve reflejado en la obra.

¿Qué ha determinado que escojas el género narrativo para la historia que quieres contar? ¿Cómo llega una historia a ser cuento y no crónica o novela? Y viceversa. 

Es complejo, porque el género es, de alguna manera, un asunto posterior al acto creador. Es decir, el género es, como decía Croce, una forma en que se debe abordar la lectura del texto, una orientación para el lector. Claro, hay una inevitable conciencia de ciertas fronteras a la hora de escribir, lo cual incidirá en el desarrollo de la historia, en su desenlace, en su manera de abordar. En todo caso, así como la estructura y el tono, el género será otra de las herramientas sobre cuyo uso decidirás a la hora de alcanzar la mayor expresividad y eficacia en el texto que estás abordando. En mi caso he abordado tanto la novela como el cuento, la columna y la crónica, y descubro que todos tienen muchas cosas en común: el deber de producir una máxima expresividad posible, siempre deben atrapar al lector desde las primeras líneas, se debe tratar de buscar un punto de vista lo más original posible para, a partir de él, contar esa historia... En ello la única diferencia posible es en lograr un buen resultado o no, y eso va a depender exclusivamente de la disciplina y la paciencia que estés dispuesto a tener para trabajar el texto.

Como narrador cómo es tu preparación, ¿te dedicas a leer sobre el tema que vas a escribir o más bien buscas lecturas alejadas que no estén relacionadas?

Usualmente aparece el núcleo del tema y luego viene un proceso largo de reflexión y anotaciones en torno al mismo. Ese proceso de pensar en torno al tema que se asomó, me lleva a la búsqueda de bibliografía relacionada, a tomar muchas notas y a hurgar en la búsqueda de esos elementos que permiten darle la mayor dimensión posible al texto. Para responder concretamente la pregunta, suelo leer no sólo temas relacionados, sino además durante el proceso de gestación de un proyecto, incluso siento predilección por el género, en mis lecturas cotidianas del momento. Claro, cuando el asunto es muy largo, una vez finalizado el proceso me gusta refugiarme en otros temas para apagar en mi mente la producción de ideas en torno al tema. A veces se siguen produciendo ideas en torno a un tema una vez cerrado y entregado el material, y es necesario ahogarlas en otras curiosidades para que no se hagan infinitas.  

¿Hay escritores o temas que evades cuando estás escribiendo un libro?

NO, todo lo que sea necesario abordar para el mejor desarrollo del tema, se aborda. Es el deber ante la obra.

¿Como escritor te alimentas de otras artes?, ¿cómo te vinculas creativamente al cine, a la música y a las artes visuales?

Mucho. En "Caracas muerde" se nota mucho la influencia del cine y la música en mis textos. De hecho, cine y música, sobre todo, son parte fundamental de mi cultura y de mis indagaciones en torno a los temas que me planteo. Es común que amplíe el alcance del tema acudiendo a esas canciones a esas escenas de películas que rozan el tema. He descubierto que a partir de allí se logra dar un alcance más universal a un planteamiento personal. Cualquier cosa que se escriba, por local que sea, cuando se conecta con canciones y películas del repertorio contemporáneo, adquiere una dimensión más universal, al demostrar que esos dolores, que esas angustias, esas alegrías o esos candores lo han vivido miles de hombres y mujeres antes que esos personajes, y lo seguirán viviendo. Además, la música tiene una enorme capacidad de sintetizar cosas que la literatura necesita de mayor espacio para abordar.   

¿Cómo es tu rutina a la hora de escribir un libro? ¿Cuáles son tus horarios, manías y obsesiones?

Usualmente un texto es el resultado de muchas notas. Las situaciones, los personajes, deben estar bastante masticados antes de comenzar a escribir sobre ellos. Contra el consejo de muchos maestros, suelo escribir de noche. Quizá es por mi condición de noctámbulo, que encuentro en los silencios de la noche, en su oscuridad, la atmósfera adecuada para poner orden en mis ideas. Apenas, eso. Y cierto tipo de música que me permite aislarme de los eventuales sobresaltos venidos de la calle. Y detenerme de vez en cuando a observar por la ventana lo apacible de la calle, cuando no termina de expresar una idea con la claridad adecuada.

¿Te pones fechas tope?

La pongo pero casi nunca la cumplo. Pero es bueno ponerse fechas, para saber cuánto se ha atrasado uno en lo que se propuso. Si no, se hace interminable el proyecto y se corre el riesgo de desdibujarse. Hay un momento del texto literario que es peligrosísimo: ese momento en que está aún en proceso de gestación y, si no lo abordamos a tiempo, comienza a producirnos dudas que, si se van acumulando, nos hacen concluir que el proyeto es inviable, que es poco interesante o, incluso, que es ridículo.

¿Elaboras cuidadosamente la trama de una novela o de un cuento antes de comenzar a escribirla, o se va armando sobre la marcha?

No armo cuidadosamente, como lo hacen ciertos autores, pero sí tengo que creer en la existencia de los personajes, sobre todo. Y de un núcleo de acción. Lo demás, si los personajes están sólidamente creados, viene dado por sus mismas acciones. Es decir, si puedo ver al personaje, lo puedo oír. Y si lo puedo oír, puedo confiar en las cosas que me dicta. 

¿Cómo afecta el tema de la violencia a tu escritura?

Mucho. La violencia es un tema fundamental para el caraqueño y para el venezolano en general. Está ahí. Es una preocupación permanente cuyas vertientes infinitas terminan por obsesionarnos. De la violencia se exacerban y se potencian todos los temas relacionados con el hombre: el amor, la lealtad, la miseria humana, la valentía, la belleza. En tanto el mundo se vuelve más árido, todas las expresiones que hacen al hombre humano se acentúan más. Y la vida se vuelve más grave y más asombrosa. Y todo lo que damos por descontado en condiciones normales (como llegar a casa todas las noches, a abrazar a tus seres amados), nos parecen hechos asombrosos. "Caracas muerde", de hecho, es un largo ejercicio de reflexión y asombro ante el hecho de seguir vivos y de descubrir que somos hijos de una misma raíz, y que esos seres tan alejados de nosotros son como hermanitos enfermos y descarriados. En fin, la violencia nos hace aferrarnos a valores que nos resultan fundamentales para que la vida merezca tal nombre: la belleza, la lealtad, el amor...

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Tengo un par de proyectos en torno a un tema y una novela largamente postergada. Creo que primero saldrá uno de los conjuntos de textos que me está llamando con mucha fuerza, y me hace pensar con frecuencia en ello, y me pone a buscar literatura sobre el tema y me hace tomar nota. Así como cuando uno se enamora, que siempre tiene tiempo para ello. Pero prefieron no hablar del tema en concreto por un asunto, si se quiere, de cábala. 

viernes, 23 de noviembre de 2012

"Hay que intentar escribir como nadie lo ha hecho antes" - Entrevista a Santiago Acosta


Tu libro Detrás de los erizos maneja un registro que tiene como presupuestos la contención, la brevedad e imágenes que son todo menos obvias. ¿Esto respondía a unas concepciones estéticas específicas o iban surgiendo de esta forma los textos?

Al menos la mitad de mi primer poemario fue el residuo decantado de textos que ya había escrito muchos años antes. Por eso es tan desigual en su lenguaje y en sus imágenes; porque se trata de un compendio, de un esfuerzo por dar unidad a lo que era puro desbordamiento. Poco a poco fui hallando métodos para lograr esa unidad y uno de ellos fue la búsqueda de cierto estilo denso y hermético. La lectura de poetas como Paul Celan, Luis Alberto Crespo y Alfredo Silva Estrada había cambiado por completo mi idea de lo que era el sentido en la poesía. Dejaron de gustarme los textos que podían entenderse en una o dos lecturas, con lo que quedaron desterrados de mis gustos la mayoría de los poetas que me habían impulsado a escribir en un primer momento: Oliverio Girondo, Gustavo Pereira, Roberto Juarroz o el Rafael Cadenas de los años setenta, por ejemplo. Sentía que el poema debía ser misterio y ambigüedad. Sobre todo, el poema debía estar hecho de una lengua densa, contraída, extraña. Para mí el sentido está muy claro en todos los poemas de mi libro, como estaba claro en los poemas de Celan y de Crespo. El sentido eran las imágenes, y ahí estaban, muy claras. Sólo el poder de la imagen conformaba para mí la única dirección posible del poema. Hoy, cuando releo el libro, pienso que los peores versos coinciden con aquellos momentos en que no logré del todo esa densidad en la expresión. Afortunadamente no acostumbro releerme.

Detrás de los erizos recibió el Premio Monte Ávila para Autores Inéditos. ¿De qué manera cambió este premio tu modo de concebir la labor poética?

Más que por optar al premio, envié mi poemario a Monte Ávila porque quería publicarlo. Siempre he sido un entusiasta de la colección “Las formas del fuego”, donde leí por primera vez a un grupo de poetas venezolanos de los años ochenta y noventa que aún me gustan: Alberto Barrera Tyszka, Laura Cracco, Manón Kübler, Arturo Gutiérrez Plaza y algunos otros. Ese fue mi primer paso en la lectura de poesía. Monte Ávila era para mí una referencia de capital importancia, por lo que me alegró mucho haberme convertido en parte de su catálogo. Pero pronto comencé a creer que me había apresurado en publicar mis poemas. Me tomó unos seis o siete años terminar ese libro, pero igual sentía que era un poemario adolescente, inmaduro. Luego creí que era buena esa especie de vergüenza que sentía cuando me releía, porque pensaba que me estaba dando a mí mismo una lección fundamental. Lo vergonzoso sería, más bien, estar orgulloso de los libros que uno publica. Lo mejor, como decía Bolaño, es olvidarse del libro apenas lo reciba el editor. Sin embargo, y aunque ya me siento lejos de todo lo que quise hacer con Detrás de los erizos, estoy seguro de que no hay nada falso en esos poemas; aún creo que son textos muy honestos y que todo lo que dije en ellos era cierto.

¿Los poemas vienen antes de la poética o la poética antes de los poemas?

Creo que el poema siempre tiene que estar antes, porque la poética es sobre todo una coherencia entre varios textos. La poética –si por ella se entiende, digamos, la especie de plan que uno tiene cuando escribe– siempre está formándose, deshaciéndose y contradiciéndose. No es estática; se consolida a medida que uno escribe, pero sobre todo a medida que uno lee. Cada poema es una foto de lo que pasa cuando esa poética está en un proceso de transformación que consiste de caminos posibles, retornos inesperados, atajos imprudentes y muchos fracasos. Lo principal no debería ser mantenerse fiel a una poética sino escribir, seguir escribiendo sin parar. Y leer mucho, sobre todo autores jóvenes, nuevos, vivos. A los viejos también hay que leerlos, pero querer escribir como ellos es como pretender vivir de comida descompuesta. Hay que intentar escribir como nadie lo ha hecho antes.

Eres muy conocido por tu labor editorial en la revista El Salmón, que incluso fue galardonada con el Premio Nacional del Libro en el rubro de revista cultural. ¿Qué nos puedes contar de ese proyecto? ¿Veremos nuevos números?

El Salmón fue una aventura que terminó justo a tiempo. Creo que las condiciones están dadas para que aparezcan revistas mucho mejores y más necesarias en Venezuela. Si algo probó nuestro proyecto es que la excusa de la falta de financiamiento ya no es tan válida. En Venezuela nunca habrá financiamiento para una revista independiente de poesía, y eso está bien, porque una revista independiente no debería estar financiada por ningún organismo público ni privado. El presupuesto anual de El Salmón era prácticamente nulo; se imprimía en excedentes de papel, en horas extra, y gracias al corazón santo de Javier Aizpúrua. Una publicación con un diseño menos pretencioso pudiera hacerse sin gastar ni un solo centavo. “La plata es lo de menos”, decía Willy cada vez que podía, y era verdad. Todo lo que hace falta es cooperación y compromiso. Los proyectos se frustran cuando esas dos cosas desaparecen o son reemplazadas por la sed de fama, los egos hipertrofiados, la envidia, en fin, todo eso que nos define a los poetas.

¿Cómo se vinculan en ti el trabajo editorial y el oficio poético?

Intento que no se vinculen más de lo necesario, porque entonces comienzo a pensar en libros-objeto, objetos-poético-cerebrales, poemarios calidoscópico-electrónicos y demás ideas audaces que sólo es capaz de llevar a buen término la imaginación y el talento paquidérmicos de Willy McKey.

“Caracas”, tu última obra, es un poema largo y repleto de giros coloquiales e imágenes que podrían calificarse de crudas. En suma, es un texto que contrasta fuertemente con Detrás de los erizos. ¿Cómo se llevó a cabo ese tránsito?

Más que un tránsito fue un extravío, una pérdida total de la orientación. Después de Detrás de los erizos escribí dos poemarios que terminé desechando por muchas razones. Por un momento casi me sedujo nuevamente el ansia por publicar mucho y rápido, pero recobré la cordura. Como se sabe, hoy es muy fácil publicar en Venezuela. Cualquier escritor que tenga un par de contactos en el medio literario puede editar su libro en una de las principales editoriales del país. Yo sentía que era más importante hallar un tono y una estructura que me permitieran trabajar en textos diametralmente opuestos a lo que ya había hecho. Creo que cada poemario que uno escribe debería ser una completa reinvención de la poética que ya agotamos en el anterior. Eso, por supuesto, ya me ha condenado a dos libros malogrados, pero cada uno es un paso que he tenido que dar para hallar esa nueva voz que busco y que, como las otras, será provisional, pasajera y siempre inconclusa.

¿En qué estás trabajando ahora?

Luego de publicar “Caracas” pasé más de un año sin terminar ningún texto. Hace un par de meses, cuando ya empezaba a sentirme por fin a gusto en una nueva ciudad, comencé de nuevo a concluir poemas. Como siempre el proceso es difícil porque se trata de hallar una nueva voz y de reinventar mi forma de escribir  y de pensar la poesía. Ya son seis años desde Detrás de los erizos; es mucho lo que ha cambiado y mucho más lo que ha ocurrido desde entonces. Recuerdo que lectura de Manuel Vilas y de Postpoesía de Agustín Fernández Mallo contribuyó a que sintiera la necesidad de cambiar de rumbo una vez más. Además, siento que a la poesía venezolana joven le falta riesgo, y por eso me parecen tan necesarios los experimentos poéticos de Willy McKey, José Delpino y Eduardo Febres, por ejemplo. Creo que Boris Izaguirre dio en el clavo cuando dijo en los años ochenta que los venezolanos nunca podremos ser vanguardistas porque nos importa demasiado ser bellos. Entiendo que los valores estéticos de la poesía de nuestros “padres” aún significan y significarán un tremendo peso sobre nuestros hombros, pero ya tenemos que comenzar a olvidarlos y pensar en nuestro tiempo, en las crisis que nos unen, pero también en el futuro y sus infinitas posibilidades. Si seguimos escribiendo como si nada de eso nos afectara estoy seguro de que pasaremos a la historia (si alguna vez nuestra crítica comienza a decir la verdad) como una generación aburguesada, dormida e impotente. Que Salustio nos perdone.

Santiago Acosta es Licenciado en Letras y Magíster en Literatura Venezolana por la Universidad Central de Venezuela. Actualmente cursa una Maestría en Español en San Francisco State University. Es codirector de la revista académica Canto y fue editor, junto a Willy McKey, de la revista de poesía El Salmón. Ha publicado los trabajos poéticos Detrás de los erizos (2007) y Caracas (2010).

jueves, 15 de noviembre de 2012

"Hoy tenemos necesidad de reconciliarnos con el verdadero sentido del deseo" - Entrevista a Christian Díaz Yepes


¿Cómo conjugas la labor del escritor con la vocación sacerdotal?
No hay dicotomía ni competencia entre ambos matices de mi persona. Soy servidor del Verbo de Dios que se ha hecho hombre. Por eso, todo lo que me permite vivirlo me hace realizarme más plenamente. Poetizo como sacerdote.

Creo que ambos oficios requieren una buena dosis de soledad y meditación, ¿cómo te enfrentas a esa doble exigencia?
Meditación y soledad que no puede ser aislamiento ni ruptura con los demás. ¡Todo lo contrario! El Verbo exige ante todo una escucha y luego atención para comunicarlo oportunamente. Mi labor como sacerdote me ayuda a estar a la escucha de la Palabra de Dios, de la historia y de cada persona en particular. Con mi poesía trato de prolongar y de cierta manera “interpretar” esta escucha a través de nuevas formas. Pero todo brota del Evangelio, que ciertamente viene a ser esa paleta donde artistas de todos los tiempos han mojado su pincel, como decía Chagall.

¿En qué sentido te sirves de la experiencia religiosa para la escritura de la poesía?
En ningún sentido “me sirvo” de ella. Una persona no “se sirve” de su cuerpo para amar a otra ni “se sirve” de su mente para entender su vida, sino que “es” completamente persona cuando ama, cuando piensa, cuando se relaciona con otros, etc. La espiritualidad es la experiencia de unificar cada aspecto de la vida en un todo armónico que se proyecta hacia lo eterno. Por eso yo trato de vivir a plenitud el llamado espiritual que Dios me ha hecho y de allí brota todo: la predicación, un consejo a una persona, un servicio pastoral, etc. Todo esto lo vivo como experiencia poética que luego se expresa a través de palabras y formas concretas.

¿De qué manera la poesía alimenta tu vida como sacerdote?
La alimenta en cuanto manera de acercarme a la realidad: esa realidad que puedo ser yo mismo, esa realidad que me viene al encuentro en cada hermano y esa realidad más íntima y trascendente que es la experiencia de Dios. Luego esto se traduce en una relación muy concreta con la Palabra: continuamente me ayuda a moldear la forma de transmitir esperanza, de abrir hacia el horizonte más vasto que cada uno lleva en sí mismo y muchas veces desconoce. La Palabra me ayuda a acompañar a muchos en su peregrinación tras este horizonte.

He notado que trabajas el tema del deseo en tu poesía y esto es algo que llama la atención; especialmente en una sociedad en la que la palabra "deseo" está fuertemente inclinada hacia el ámbito de lo sexual. ¿Cómo lidias con este prejuicio?
No sólo con este prejuicio, sino con muchos otros. Porque ciertamente vivimos en una sociedad que critica los dogmas de fe, pero se mantiene aferrada a unos “dogmas” que sí son verdaderamente cerrados y excluyentes.
Para mí el deseo es una categoría poética recurrente porque busco conocer de qué se trata realmente el deseo. Esta palabra viene del latín “de-siderio”, que significa “movimiento hacia las estrellas”. El deseo es la experiencia que ha hecho el hombre de todos los tiempos cuando de frente al cielo se siente llamado a alcanzar esa inmensidad que le desborda, pero que reconoce como destino último. Con los pies en la tierra alza su mirada al cielo y se siente empujado hacia allá. Esto está muy presente en toda la tradición bíblica, cristiana y religiosa en general. Dios invitó a Abraham a mirar hacia el cielo para descubrir cómo sería su historia, los magos se encontraron con el Mesías recién nacido porque supieron interpretar los signos del cielo y finalmente el Apocalipsis nos habla de la ciudad santa que desciende del cielo, imagen de la humanidad glorificada. Los antiguos romanos llamaban a la bóveda celeste “templum”, de donde deriva el término “templo” y también “contemplar”. Ellos manejaban un instrumento con el mismo nombre para que les ayudase a orientarse en la tierra y en el mar. El que se pone conscientemente de frente a lo celestial aprende a orientarse sobre la tierra y a mantener una mirada que va siempre más allá. 
Por todo esto el deseo ha sido un tema tan recurrente en la biblia y en los místicos. Pensemos por ejemplo en los Salmos o en el Cantar de los Cantares, ambos libros habrán sido lectura asidua de Jesús y marcaron su forma de orar y de ver su propia historia y el mundo; pensemos en la experiencia espiritual y en las predicaciones de san Agustín, en la pasión evangélica de san Francisco de Asís, en el arte místico de santa Hildegarda de Bingen, en la poesía de san Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, en Hopkins y en Merton, así como en el poeta Rumi y el sufismo en la tradición persa, en las Mil y una Noches y en la poesía árabe en general. Hoy tenemos necesidad de reconciliarnos con el verdadero sentido del deseo para dar respuesta a tantos intentos de alienación del ser humano, para volver a despertar nuestros anhelos más profundos y liberarnos de la esclavitud del materialismo y la manipulación.

Hay toda una tradición de poesía mística en occidente que se vale de imágenes y metáforas que también tienes en tu obra, ¿qué de esta herencia ha sido determinante para ti?, ¿qué no?, ¿en qué te distancias de ésta?
Sí, ciertamente me influencia mucho. Como te mencionaba antes, trato de beber conscientemente de esta tradición y de vivir y crear desde ella. Tres veces al día hago oración con los Salmos y esto me ayuda mucho a mantenerme en esta visión. En mi poesía hay temas recurrentes como el deseo, la tensión existencial, la búsqueda, el encuentro gozoso, así como la pérdida y la muerte. Manejo imágenes como la sed, el agua viva y vivificante, los hilos que se tensan, el cuerpo lacerado, lo sensorial… Todo esto entronca con esa tradición de la que hablamos.

¿Vives alguna forma de tensión entre lo corporal y lo espiritual al escribir poesía o, por el contrario, éstos se armonizan?
Cuando comprendemos que el Verbo se ha hecho carne, como dice el Evangelio, superamos cualquier tensión entre lo corporal y lo espiritual. Yo sé que esta dicotomía ha estado presente en distintas épocas y autores cristianos, pero eso se ha debido más a los esquemas culturales e ideológicos que al verdadero sentido del cristianismo. Hoy en día tomamos conciencia de esto con mucha lucidez, hasta el punto que en la misma Iglesia católica hablamos de la “teología del cuerpo”, la cual nos permite asumir esta dimensión de lo humano desde toda la profundidad de su misterio y vocación hacia la trascendencia.

¿Has pensado en escribir narrativa?
No lo he “pensado”, como tampoco pienso nunca en escribir poesía. Escribo para expresar una experiencia espiritual mía y de muchos que luego va adaptándose a la forma que mejor le ayude.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún nuevo proyecto poético?
Me mantengo escribiendo temas de espiritualidad y crecimiento cristiano. En poesía tengo varias obras concluidas aún sin publicar y sigo trabajando en un poema de largo aliento que me pide mucho tiempo y dedicación.